Al llegar junto a ella me he parado...no me lo podía creer ...en su interior nerviosísimos y rodeados de moscas y mandarinas dos preciosos cobayas me miraban con unos inmensos y aterrados ojos.
Deben de tener unos seis meses ...
Parece una mala pesadilla pero es cierto, me ha ocurrio esta mañana.
Me ha dado una pena inmensa
Son dos tesoros que me aguardaban, dos tesoros preciosos, me ha costado mucho no quedármelos, Ángela estaría muy contenta con ellos en casa, pero por su seguridad, por la seguridad de los cobayas no he tenido más remedio que regalarlos a un amigo que dispone de un terrenito con más animales, un loco como yo amante de los animales. Hoy sé que son dos machos que se han adaptado a su nuevo hogar rápidamente y que están felices correteando, libres y protegidos.

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